martes, 5 de octubre de 2010

Los enemigos de la Huelga

Fotografía: Rosa Ortuño
Antonio Tellado
Secretario Político de la Agrupación “Andrés Rodríguez” del PCA de Málaga

En la mañana del día 29 de septiembre, las emisoras de radio y las de televisión que no habían dejado de emitir debido a la huelga –un par de ellas no pudieron hacerlo-, informaban del seguimiento masivo del paro, algo de lo que también se hacía eco la prensa extranjera. Sin embargo, pasadas unas horas, se ve que recibirían instrucciones de los que podían dárselas y cambiaron radicalmente su versión. Las calles estaban desiertas, las fábricas inactivas, los transportes con excepción de los servicios mínimos paralizados y los bancos y mercados de abasto cerrados, algo que todo el mundo podía comprobar, todo el mundo menos los que no se conforman con informar porque en lugar de ello prefieren ser “creadores de opinión”, esos repetían machaconamente que todo funcionaba con normalidad. Poco les importaba no decir la verdad porque era lo que les tocaba decir. Al día siguiente, los periódicos –con una honrosa excepción- insistían en que la huelga había sido un fracaso, pero los hechos dejaban al descubierto la mentira, porque, ¿qué causas originaron que el día de la huelga salieran a la calle con una drástica disminución del número de sus páginas? El que no tuviera la oportunidad de comprobarlo, porque la mayor parte de los quioscos estaban cerrados, puede acudir a las hemerotecas y comprobar que, efectivamente, los periódicos del día 29 de septiembre salieron a la calle con menos de la mitad de las páginas habituales en cualquier otro día, y en algunos casos con menos de un tercio de ellas. Es evidente que para comprobar que la huelga tenía incidencia les hubiera bastado darse un paseo por sus propias redacciones y talleres.
Pero la cosa no queda ahí, al parecer la consigna llegó mucho más lejos, porque los medios de comunicación –prensa, radio y televisión- todos propiedad de grandes capitalistas, ya metidos en harina, aprovecharon la ocasión para atacar a fondo a los sindicatos, calificándolos de anticuados, e incluso cuestionándose el derecho a la huelga.. Mientras eran hipersensibles a la acción de los piquetes, no dijeron ni una sola palabra, pese a que los sindicatos lo habían denunciado, sobre las coacciones por parte de muchos empresarios a sus trabajadores para impedir que secundaran la huelga. Claro que en esa cruzada no estaban ni están solos, porque cuentan con el respaldo de la santa alianza de la patronal y la derecha extrema ávida de poder. Así, el presidente de la CEOE mostraba ante las cámaras su preocupación por el hecho de que la existencia de piquetes pudiera, llegado el caso, coaccionar a los esquiroles (esa es la palabra con la que los define la Real Academia Española). Sin embargo, no se le vio nada preocupado por los trabajadores de sus antiguas empresas que dejó en el paro después de muchos años de trabajo, con toda seguridad esas personas querrán tener el puesto de trabajo al que le da derecho la Constitución, tampoco recordó en sus manifestaciones a los cientos de personas que en plenas navidades se vieron tiradas en los aeropuertos porque les habían vendido billetes para vuelos en unos aviones que nunca iban a despegar. También las empresas eléctricas –tienen que agradecer las continuas subidas de las tarifas- se sumaron a la manipulación al medir el impacto de la huelga por el consumo eléctrico, publicando unas previsiones de consumo muy por debajo del real, para que de esa forma la diferencia entre el consumo estimado y el real resultara menor que en otras huelgas anteriores. Sí señor, todo eso es credibilidad, como la de los periódicos que se permiten calificar a los sindicatos de inadaptados a los tiempos en que vivimos, mientras ellos para evitar la continua pérdida de lectores se ven obligados a regalar películas o cupones con los que conseguir una bonita cubertería o vajilla. Más les valdría intentar mejorar su penoso papel en esta sociedad ejerciendo un poco de autocrítica.
En las manifestaciones que llenaron las calles el día de la huelga, había millones de personas, sin embargo ningún periódico de los que se autoproclaman independientes se ha hecho nunca eco de las opiniones de ese importante porcentaje de ciudadanos. ¿No es sospechoso que todos sus periodistas sean de la misma opinión? ¿Tienen libertad para opinar de forma diferente a la de sus empresas? Y es que la libertad de prensa, un derecho para todos, tal como está montada la información en este Reino, sólo pueden ejercerla los que tienen dinero suficiente para ello, y esos ya sabemos como piensan.
Tanto los periódicos del cupón para la vajilla, como las cadenas de televisión basura o la patronal española, comulgan con unas mismas ideas, que en este caso, gracias a sus comentarios, han revelado un desprecio absoluto al derecho constitucional de huelga y una hostilidad manifiesta hacia los sindicatos, a los que se permiten indicar cómo deberían de ser, algo que corresponde decidir en democracia interna exclusivamente a sus afiliados. Claro que esta santa alianza cree mucho más moderno su sistema de designación digital por parte del que manda. Para terminar, como la democracia no parece pasar por sus mejores momentos, conviene recordar, porque da la impresión de que lo han olvidado, que el sindicalismo y la huelga son elementos imprescindibles en toda democracia, y que el sistema político que careciera de ellos, para definir su democracia tendría que adjetivarla, llamándola democracia orgánica o algo por el estilo.
Publicado en laRepublica.es el 5-X-2010

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