viernes, 15 de octubre de 2010

José Manuel Mariscal: “La memoria de Las Rojas”

José Manuel Mariscal
Secretario General del PCA y parlamentario de IULV-CA
Ayer, tuvimos el debate de una Proposición No de Ley (ir a 18,21) del PSOE-A para aplaudir la iniciativa del gobierno andaluz de conceder una ayuda de 1.800 euros a las mujeres vejadas por el franquismo. Creo que el debate dejó claro que el partido gobernante utiliza estas iniciativas más para señalar el complejo de culpa pepero, por sus orígenes y su práctica, que para dignificar la memoria democrática de nuestro país. El PP le hizo un enorme favor al PSOE al no participar en la votación y los colectivos memorialistas que asistieron al pleno pudieron comprobar como eran utilizados en los avatares electoralistas del bipartidismo. También pudieron comprobar como la señora Navarro (PSOE) hablaba de "dos bandos" (sic!), demostrando que hablaba de oídas y que no tiene ni puñetera idea de historia como ciencia, aunque fue claramente superada por la referencia del señor Rojas (PP) a la "pre-guerra" (sic!!). No sabemos a qué querría referirse, ya que, en nuestra era, hay hasta 1936 años antes de la guerra civil (si era esta la guerra aludida, claro). Quizá hablaba de la conversión de Recaredo al catolicismo, no se.
Presentamos cinco enmiendas. Rechazadas cuatro, las de mayor contenido, con la excusa de que estábamos hablando de mujeres, no de fosas, ni de responsabilidades penales, ni cosas de esas, lo que vuelve a demostrar el entendimiento fragmentario, oportunista y demagógico de la memoria por parte del partido gobernante.
En mi intervención, traté de dejar claro que la vejación a la mujer fue diaria y constante, y que fue parte estructural y fundacional de la dictadura militar. Desde las violaciones jaleadas por los mandos (Gonzalo Queipo de Llano) al robo de niños, desde la situación en las cárceles franquistas hasta la ablación mental de millones de mujeres, aun hoy reprimidas en su más íntimo ser.
Nada va a resarcir a esas mujeres, pero haríamos bien en gastar el dinero en hacer que sus nombres ocupen nuestras plazas, nuestras calles, los monumentos que sean memoria futura de nuestros hijos, que los ayuntamientos homenajeen su memoria como defensoras del orden democrático, como protagonistas pioneras de la igualdad real en nuestro país.
Mientras tanto, nos tendremos que conformar con lo que hay, un partido llamado socialista que permite que un partido llamado popular le marque la agenda y le coarte las iniciativas reales de defensa de la memoria: la nulidad de las sentencias de los tribunales fascistas, la asunción de las tareas de exhumación, la connotación penal, no meramente arqueológica, de las mismas. En fin, queda mucho por hacer, pero, por fortuna, el movimiento memorialista no deja de crecer, en número, en juventud y en combatividad.

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