martes, 21 de mayo de 2013

“Mandar obedeciendo”


Toni Morillas
Concejal en el Ayuntamiento de Málaga y Portavoz de IULV-CA en la Diputación Provincial  
Cuando el viernes tuve la oportunidad de participar en el III Encuentro malagueño para la elaboración de la ley andaluza de participación ciudadana, organizado por la dirección general de Derechos de Ciudadanía, Participación y Voluntariado de la Junta de Andalucía, reconozco que me emocioné. Y que como hecho inusual, hasta me resbaló alguna lagrimilla. Volver a encontrar a gentes con las que tanta intensidad compartí, en discusión es, idas y venidas, en definitiva, en el tajo, cuando andábamos experimentando, investigando, alentando procesos locales de participación popular al calor de la Oficina de Presupuestos Participativos de la Diputación provincial, cuando en su gobierno participaba Izquierda Unida. Todo aquel proceso, volvió a pasar por el corazón, se hizo presente y se hizo presente de la mejor manera, poniendo de manifiesto los hilos conductores, en un escenario político y social diferente a todas luces, de procesos planteados con el mismo propósito: democratizar la vida.
Armar aquella arquitectura fue fruto de muchas horas de trabajo de muchas gentes, de tejer poquito a poco redes de trabajo, de grandes dosis de cariño y de la convicción de una organización política, Izquierda Unida, que tenía, como hoy tiene, bien claro, que para transformar este sistema que desprecia a la gente, su sabiduría colectiva y su soberanía, la clave estratégica pasa por construir una arquitectura de poder popular que desborde al poder instituido y trasgreda sus lógicas, haciendo uso de todas sus fisuras y requiebros, apropiándose de sus herramientas para parir otras nuevas, democráticas y sostenibles. Desde esa convicción y determinación política fue posible pergeñar una red de instituciones locales que a ratos con incertidumbres, a ratos con miedos y resistencias, pero con tremenda valentía, marcaron en su agenda política la necesidad de construir nuevos marcos de relación entre representantes y representados, nuevos espacios para la construcción de opinión, de propuestas colectivas y lo más relevante, espacios nuevos de toma de decisiones sobre lo común, sobre aquello que hoy como ayer, se haya secuestrado por instancias antidemocráticas que marcan los designios de nuestras vidas.
Ese fue el motor que hizo converger multiplicidad de redes, asociativas, universitarias, cooperativistas, iniciativas sociales, redes ciudadanas, minúsculas la mayoría de ellas, atomizadas, que fueron encontrándose, convergiendo, no sin tiras y aflojas, y encontrando en los procesos locales de presupuestos participativos un instrumento para la repolitización, para la recuperación de la política en su sentido etimológico. Quizá hoy, con la perspectiva de todo lo acontecido después, pueda parecernos insignificante, pero es interesante vislumbrar los vasos comunicantes entre unos y otros procesos y sabernos parte de un acumulado histórico, de una historia que no comenzó ayer.
Archidona, Alameda, Teba, Humilladero, El Burgo, Casabermeja, Sayalonga, Ardales, Pizarra, Campillos, Cuevas de San Marcos, Benalauría, Benarrabá y tantos otros municipios, la red de presupuestos participativos, que se sumaron a aquello de “Algo se mueve en Málaga” , que más que un lema, fue un motivo común, con una pregunta cargada de incertidumbres, que iban salteándose al caminar, sabedores de que cualquier resultado esperado era eclipsado y abrumado por las derivas y saltos del proceso en sí. Con la mirada humilde y ojiplática puesta en los movimientos populares de Latinoamérica, las experiencias de los foros sociales mundiales, el movimiento de los sin tierra de Brasil, Porto Alegre como brújula, las experiencias de Uruguay y Argentina, las misiones y consejos comunales en la República Bolivariana de Venezuela, los procesos de concientización de Paulo Freire, los aprendizajes con Marco Marcioni...La mirada puesta en aquellos procesos donde han confluido y superado a sí mismos, movimientos populares y organizaciones políticas de la izquierda transformadora, donde unos y otros han sido capaces de marcar no solo las prioridades, sino otras maneras de hacer, con la capacidad de aquellos de “mandar” a los representantes, y el compromiso de algunos de estos de “mandar obedeciendo”.Desde una dialéctica compleja, contradictoria, pero apasionante.
Recuerdo cuando en los innumerables encuentros y talleres de evaluación, abundábamos en el quejido: “la gente no quiere, no demanda más democracia”, “la gente no está esperando en su casa la invitación a participar del común”; “¿cómo hacemos para que los sectores sociales excluidos se apropien de los procesos y condicionen las prioridades?”, “hay que desbordar el proceso, hay que conseguir que el presupuesto participativo dé lugar a nuevas potencias y espacios ciudadanos autoorganizados”...Teníamos prisa.
En 2011 se produjeron cambios sustanciales en direcciones antagónicas. Surgió con una fuerza imprevisible el 15M, la resignificación de las plazas y del concepto mismo de ciudadanía. Una nueva generación saltó a la plaza pública y puso en la primera línea del debate político la existencia de una democracia descafeinada que no atendía, ni atiende, a los intereses ni las voluntades de la mayoría social. Una democracia que carece de instrumentos efectivos que hagan prevalecer los intereses de las mayorías expulsadas del sistema por encima del interés de acumulación de una minoría que constituye la oligarquía económica y ejerce el poder más despiadado. Ahora sí, “la gente demanda Democracia para sí”. A los pocos días vino el 22M, unas elecciones municipales que encumbraron al PP otorgándole representación absolutísima, y que provocó que IU saliera del gobierno de la Diputación provincial, dando al traste con todas y cada una de las iniciativas puestas en marcha. Contradictorio, sí.
Ahora, la repolitización de amplios sectores sociales, la organización en movimientos de algunos de ellos y su presencia pública, así como la presencia de IU en el gobierno andaluz, nos ofrece una oportunidad que no podemos desperdiciar. El proceso de elaboración de la ley andaluza de participación es una oportunidad, una oportunidad más, no solo para construir un instrumento que pretende generar derechos políticos que atiendan precisamente a esa necesidad de que la democracia sea real, participativa y protagónica. Si no también, una oportunidad en un triple sentido trascendente:
- El proceso propiamente abre espacios de discusión y elaboración, a los que estamos poco habituados, entre representantes políticos con capacidad real de tomar decisiones, ciudadanos sin organizar ,tejido asociativo con trayectorias múltiples y disociadas y movimientos de nuevo tipo surgidos al calor del 15M. Más allá del resultado legislativo, la oportunidad de construir un nuevo marco político en Andalucía, en el que los representantes políticos “manden obedeciendo” y la ciudadanía esté dispuesta en trinchera a asumir su papel, su responsabilidad como sujeto histórico.
-La oportunidad de una vez aprobada la ley, construir una arquitectura nueva de poder popular, flexible, abierta, transparente, diversa y plural, que propicie procesos universales de toma de decisiones que vinculen la acción política del gobierno andaluz. Levantar un Faro en Andalucía, que siendo conscientes de sus limitaciones estructurales, pueda abrir en la sociedad debates fundamentales para articular una alternativa de poder a nivel estatal: acumular fuerzas para ganar hegemonía e impulsar un proceso constituyente que aborde con claridad la planificación democrática de la economía y del acceso a los medios de producción. Un proceso constituyente que nos provea de instrumentos para defender el interés de las clases populares.
-La oportunidad de avanzar, en el sentido apuntado por procesos revolucionarios como el de Venezuela, en la construcción de espacios unitarios de convergencia entre movimientos populares, sindicales e IU que construyan un programa de mínimos común y que, con la mirada limpia y el reconocimiento mutuo, sean capaces de dibujar una estrategia compartida para trazar una alternativa de poder, que es urgente.
Quizá las expectativas nos desborden. La certeza: que nos va la vida en ello.

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