miércoles, 24 de julio de 2013

Una vida de lucha. Recordando a nuestro camarada Cristóbal Criado Moreno

En el día de ayer recibimos la desafortunada noticia del fallecimiento de nuestro querido camarada Cristóbal Criado. En primer lugar queremos solidarizarnos con su hija Cristina y toda su familia en estos momentos dolorosos. Pero también queremos recordar que son 93 años de lucha por la vida, de un hombre sencillo, de carácter tenaz y firme, cordial y siempre comprometido con la causa de los trabajadores y trabajadoras de nuestra maltratada España. Dedicado a la entrega a su partido, el PCE y su ejemplar trayectoria comunista queremos reproducir un escrito que realicé para su lectura en el Consistorio cuando el Ayuntamiento de Málaga lo nombró hijo adoptivo y medalla de la ciudad.  
Eduardo J. del Rosal Fernández
Secretaría de Memoria Histórica del PCA de Málaga
UNA VIDA DE LUCHA
Cristóbal vio la luz en la localidad de Marbella, un día de febrero de 1920, en una familia numerosa de humildes trabajadores del campo. Por tanto, desde muy niño vivió los avatares de su padre para conseguir el famélico jornal, el ir de campo en campo, de trabajar de sol a sol, de los periodos de paro forzoso, de hambre. Esa era la vida del jornalero andaluz.
Siendo muy niño, a la edad de 8 años, se ve en la necesidad de ayudar en el sostenimiento de su casa y empieza a realizar faenas agrícolas, teniendo que vivir fuera del hogar familiar. Esa vida del jornalero español, que venía arrastrándose durante lustros y que en plena dictadura de Primo de Rivera y con la República se hizo insostenible e insoportable para la masa de trabajadores, es el caldo de cultivo para que Cristóbal empiece a ser consciente de la explotación inhumana de que eran objeto. Empezaba a adquirir conciencia de clase.
Cuando Cristóbal tenía 15 años trabajaba de auxiliar de las cuadrillas de obreros acarreando agua y haciendo otras faenas ligeras. Era 1935 trabajaba en una constructora en Fuengirola que realizaba unas obras de conducción de agua y fue reprendido y amenazado de despido por un capataz. Todo ello por no ser capaz de acarrear más agua para sus compañeros de trabajo. Y fue allí donde aprendió la primera lección de solidaridad obrera, cuando un delegado de la UGT le exigió al patrón que contratara a otro chaval para el trabajo que hacía Cristóbal y las cuadrillas se negaron a trabajar hasta que consiguieron el compromiso del capataz de que contratarían a otro joven.
Esta lección sindical provocó en Cristóbal una admiración profunda por este sindicalista que “leía en voz alta, solemne y grave” un periódico que hablaba de Rusia, de socialismo y del peligro fascista. Y él que apenas sabía leer y escribir decidió ir a la escuela nocturna, a varios kilómetros de su domicilio, porque quería leer estos periódicos que hablaban de cambio y de lucha.
Las elecciones del Frente Popular, en febrero del 36, las vivió con la mayor de las esperanzas, no se perdía ni un solo acto, era el momento en que la juventud se creía capaz de construir su futuro, ellos mismos serían capaces de vencer al fascismo y de construir un mundo nuevo donde la justicia social imperara sobre la histórica voluntad de oligarcas y caciques. Ese protagonismo de la juventud republicana, socialistas, anarquistas, comunistas, lo vive Cristóbal ingresando, junto a otros tres amigos, en las Juventudes Comunistas, que en aquel momento proyectaban su unidad con los jóvenes socialistas para crear las JSU.
A la euforia de la victoria del Frente Popular, de sacar de las cárceles a los presos políticos y sociales del periodo de dominio de las derechas, el denominado “bienio negro”, de la recuperación de las libertades perdidas, de los centros obreros que volvían a abrir, de la recuperación de la legislación social del primer bienio y en definitiva de recuperar el proyecto de futuro que las izquierdas encarnaban. Pronto Cristóbal empieza a ser consciente de las dificultades, así ve como los patronos comienzan a negar nuevamente el trabajo a los obreros, ve como algunos incluso prefieren arrancar hectáreas de vides completas antes que le obligaran las autoridades a laborear sus fincas. Era la intransigencia despótica de quienes siempre habían dominado la vida de los trabajadores y se negaban a perder su status de poder y entonces soltaban como un puñetazo: “Que te dé trabajo la República o el Frente Popular”.
Otro hecho vivido por Cristóbal y que le conmocionó profundamente fue el asesinato del concejal comunista del Ayuntamiento de Málaga, Andrés Rodríguez, apenas un mes antes de que se produjera el Golpe militar que lo arruinaría todo, asistiendo al multitudinario entierro del tan querido dirigente comunista lo que le influyó decisivamente para que una vez superado el siniestro periodo de la dictadura franquista propusiera a su Agrupación comunista de Carranque el nombre del histórico dirigente y a profundizar en el estudio de su vida y lucha, para ejemplo de las generaciones futuras.
Cuando el Golpe fascista, del 18 de julio, y el capitán Huelin con una Compañía del Ejército recorre las calles de Málaga, al son del tambor, Cristóbal ocasionalmente se encuentra en la capital junto a su camarada Cuevas y es espectador privilegiado de los primeros disparos y de la movilización de la juventud para abortar la rebelión militar y permanecerá en la Casa del Pueblo hasta bien entrada la noche en que pudo volver a su pueblo.
La guerra se había abierto paso en nuestra España, todas las esperanzas e ilusiones se empezaron a congelar ante la sangre de tantos inocentes muertos, pero también nuevas expectativas se abrían en medio de la tragedia, era la disyuntiva: República o barbarie. Cristóbal nunca lo dudó, optó por defender al Gobierno legal y democráticamente constituido, al lado de su Partido, el PCE e intenta alistarse en una de las Compañías de Milicias que se organizaban para hacer frente al fascismo, con más ilusiones que medios. Pero dada su juventud no se lo permitieron sus camaradas viendo frustradas sus expectativas de combatir también.
Cuando se produce la pérdida de Málaga, por el abandono del Gobierno de entonces y también por la manifiesta indisciplina de algunos sectores malagueños, Cristóbal se ve abocado, junto a sus familiares, a salir por la carretera que lleva a Almería, que él llama “de la muerte” . Esta trágica experiencia, sin duda, lo marcó definitivamente en su vida, aquella marea humana que horrorizada huía siguiendo la línea de costa y que era hostigada por la siniestra escuadra franquista y la aviación italo-alemana, con sus continuos y estremecedores bombardeos y ametrallamientos. Cristóbal lo reconoce en uno de sus libros diciendo: “Aquella marcha llena de horror y muerte dejaría en mí una huella imborrable; el mundo no sería igual para mí a partir de aquella espantosa experiencia personal”. Aún hoy el recuerdo de estos fatídicos hechos le turba hasta hacerle asomar alguna lágrima, expresando su inmensa capacidad para conmoverse con el sufrimiento de sus semejantes, algo imprescindible en un buen comunista.
Cristóbal no consiguió llegar a Almería al ser alcanzado por las tropas italo-fascistas y obligado a volver a la Málaga ocupada, la Málaga de las ejecuciones en masa, de los campos de concentración de la Aurora y de Torremolinos, de los perseguidos, de las torturas. En este estremecedor escenario buscó su familia refugio en una chabola próxima a los Guindos donde estuvo unos meses y sin apenas salir a la calle por temor a la feroz represión de los “vencedores”. Había llegado el periodo más negro de la historia de España, la dominada por los aliados del nazismo alemán y del fascismo italiano, con la inmensa capacidad de horror y deshumanización de que eran capaces y también “los años del hambre” recordadas por todas las familias humildes de nuestro país. Es en los comienzos de ese periodo que Cristóbal es llamado a filas y tiene que incorporarse al ejército que más repudiaba y que él considera como una etapa que consideraba más dura y humillante que la que ya había pasado.
A mediados de 1945 es licenciado y rápidamente se incorpora al trabajo clandestino del PCE, aunque ya había contactado con el Partido mientras era soldado, y en poco tiempo, lleno de entusiasmo organiza tres células en distintas barriadas de la capital y dedicándose de lleno a impulsar el Socorro Popular Pro-Presos, manteniendo contactos con los familiares de detenidos y encarcelados y recolectando ayudas para ellos, los que más lo necesitaban. Eran tiempos en que realizar algunas pintadas o repartir unas pocas octavillas comportaban un riesgo, a veces mortal, y que ocasionaban en muchas ocasiones detenciones, torturas y cárcel. Los órganos de dirección del Partido frecuentemente eran desmantelados por la policía franquista y los contactos se perdían y una de las veces se decidió constituir un Comité provincial suplente de jóvenes y sin antecedentes políticos y con los contactos necesarios para que una vez caído el órgano de dirección se retomaran los enlaces. En este Comité fue encuadrado Cristóbal y desde este vive la detención del heroico guerrillero Ramón Vía, que fue brutalmente torturado durante quince días en los calabozos de la Comisaría, y su posterior escapada junto a otros camaradas el 1º de mayo de 1946 y que posteriormente fueron asesinados por la Guardia civil.
Apenas un mes y medio de estos trágicos hechos Cristóbal es detenido por primera vez, así como a otros de sus camaradas, por la Brigada Político-Social y conducido a Comisaría y durante días interrogado con suma dureza y es enviado a la Prisión Provincial de Málaga , donde estaría unos meses, los suficientes para impregnarse de una nueva manera de organizarse dentro de la cárcel. Allí el Partido defendía la dignidad de los presos políticos, se preocupaba de mejorar la alimentación de los enfermos, se repartían los recursos existentes para sobrevivir al inhumano trato carcelario de la dictadura y no dudaba en realizar plantes para exigir mejoras en el trato y la alimentación. Y por otro lado el Partido vivía preocupado por la formación política y cultural de los militantes dando cursillos y buscando los medios para entrar y sacar noticias clandestinamente del presidio. Así cuando le dieron le dieron la libertad atenuada en octubre de 1946 realiza la peligrosa tarea de sacar un documento con un informe del Partido en la prisión, de manos de Antonio Álvarez Cabeza, responsable político del interior.
Cristóbal nada más de salir de la cárcel nuevamente se reintegra en la lucha clandestina lo que le ocasiona que apenas diez meses después sea nuevamente detenido, el 16 de noviembre de 1947, por la guardia civil y en el cuartel de Nateras tras tres días y tres noches de monstruoso interrogatorio, de terribles torturas, teniendo que ser trasladado a rastras, ya que no se podía sostener sobre sus piernas, a la Prisión Prov. En la causa vista por el Juzgado Militar fueron procesados numerosos camaradas entre ellos cuatro fueron penados a muerte, entre ellos Alfredo Cabello Gómez de Acebo, jefe de la guerrilla en Málaga, dos obreros de RENFE y un jornalero del campo. Cristóbal sale en libertad el 31 de julio de 1948.
Cuando sale de la cárcel se encuentra con el Partido prácticamente desmantelado por lo que junto a camaradas veteranos como Silva Medina lo reorganizan de nuevo en la provincia llegando a ocupar en distintas ocasiones los cargos de secretario Político del Comité provincial del PCE clandestino. Es un periodo que avanza la organización obrera del Partido en RENFE y en la S.A. VERS se mantienen contactos con el Comité Central mediante las figuras de José Benítez Rufo y Félix Cardador. Y cuando el PCE lanza, en 1956, la política de Reconciliación Nacional, hecho que ocasiona incomprensiones internas de los militantes, Cristóbal es un decidido impulsor de la misma intentando convencer a sus camaradas de la gran importancia que esta nueva política tenía para el futuro, demostrando su amplia capacidad de apertura y de reconocer cuando es el momento de renovar las políticas para impulsar las luchas por la libertad y la democracia. El 9 de enero de 1961 es nuevamente detenido en la Campaña por la Amnistía, padeciendo tres días de brutales interrogatorios en los calabozos de Comisaría, era su tercera detención y tras cuatro meses es enviado a la prisión de Carabanchel y a mediados  de agosto de 1961 trasladado al Penal de Burgos del que salió el 24 de diciembre de 1963. Tras de lo cual pide al Partido un largo “descanso” en la actividad clandestina, no asumiendo responsabilidades, para rehacer la economía y la vida de su familia, pero siempre manteniendo el contacto con su Partido. 
Cuando se inicia la transición Cristóbal ve el momento de reincorporarse  a la lucha y organiza una agrupación comunista en la barriada de Carranque y cuando llega la legalización del PCE, en abril de 1977, esta organización la componían doscientos militantes, fundando la Agrupación “Andrés Rodríguez” en la cual milita actualmente y siendo miembro del Comité provincial del PCA de Málaga. Y además a dedicado un esfuerzo titánico a intentar dotar a las nuevas generaciones de memoria histórica, de lo que fue la lucha democrática por la República, por derribar a Franco y sus asociados que expoliaban a España y la corrompían, por hacer conocer la historia de su Partido, el partido de Dolores, de Pepe Díaz, de Enrique Lister, de Cayetano Bolívar, Andrés Rodríguez y Rodrigo Lara, y de tantos luchadores fusilados, torturados, encarcelados y exiliados. Ahí están sus libros: “Mi juventud y mi lucha”(1993) y “El PCE que viví en Málaga”(2004), “Penal de Burgos. 1940-1965”(2006) y también el escrito “Breves apuntes históricos del PCE. 1920-1977” (1997). Así como sus colaboraciones en trabajos de investigación de historiadores de la Universidad y en documentales periodísticos sobre los acontecimientos acaecidos durante la guerra y la represión franquista.
La trayectoria vital de Cristóbal Criado Moreno es un ejemplo de tesón en la lucha contra la tiranía y representa como nadie un conjunto de valores: el coraje, la dignidad, la solidaridad, el espíritu de sacrificio, la entrega a los demás, la coherencia en los principios, la renuncia a una vida personal y la lealtad a la causa de la libertad y el Socialismo.

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