domingo, 21 de julio de 2013

El hermano marroquí del rey

Antonio Tellado
Secretario de Cultura del PCA de Málaga
El rey de Marruecos es mucho más que el jefe del Estado de un país vecino para el rey de España, según ha dicho en numerosas ocasiones, como un hermano. Mediando una relación tan fraternal es lógico y natural que se presente de visita en cualquier momento y ocasión, sin importarle para nada que los musulmanes se hallen en pleno ayuno del Ramadán, Juan Carlos es tan campechano con todos y tan familiar con el rey marroquí, que allá va, cualquier día y a cualquier hora. Hay confianza para ello. Cabría pensar que viaja buscando a un amigo con el que desahogarse, porque la Monarquía está en España en sus horas más bajas. “Ay, Mohamed, hermano, cada vez tengo más gente en contra. A mi familia y a mí nos abuchean en todas partes: en el fútbol, en la calle, en las universidades, en los teatros…en todas partes…”  Pero no, para eso no se necesita un séquito como el que se ha desplazado a Marruecos, nada más y nada menos que cinco ministros, nueve ex ministros de Asuntos Exteriores –hasta uno que lo fue con la UCD- y 27 importantes empresarios.
La visita ha sido calificada oficialmente como muy importante porque según se dice a bombo y platillo ya hemos desplazado a Francia como el país con mayores inversiones en Marruecos con 20.000 empresas establecidas. No cabe duda de la importancia del viaje, pero… ¿para España o para Marruecos? Porque esas 20.000 empresas hace algunos años estaban a pleno rendimiento en nuestro país y decidieron deslocalizarse estableciéndose en Marruecos, donde los trabajadores –incluidos niños de escasa edad- tienen que soportar salarios muy bajos y la falta casi absoluta de derechos laborales. El resultado de nuestras estrechas relaciones con Marruecos y otros países donde se explota a la población al límite, ha sido el desmantelamiento casi total de nuestra industria y la ruina de nuestra agricultura. Ahora la más alta magistratura del Estado pretende abrir el camino a nuevos empresarios a fin de que aumenten sus beneficios estableciéndose en el país vecino, no importa que sea a costa de la miseria galopante de la sociedad española. ¡Fantástico! A estas alturas ya deberíamos saber que sus más preciados ideales sólo se identifican con el aumento de sus beneficios.
A ese lamentable concepto de cómo defender los intereses de España hay que añadir un asunto más: el contencioso pendiente sobre el Sahara, donde España dejó abandonados a los habitantes de un territorio que administraba y del que huyó de forma vergonzosa, entregándolo a Marruecos. Por aquellas fechas, el 2 de noviembre de 1975, el flamante rey de España, Juan Carlos I, ante jefes y oficiales del ejército español dijo que se comprometía a proteger. “los legítimos derechos de la población saharaui ya que nuestra misión en el mundo y nuestra historia nos lo exigen”. En qué poco ha valorado desde entonces la misión de España en el mundo y en qué poco nuestra historia. Claro que el valor de su palabra para el resto de los mortales tampoco puede exceder el de un céntimo de euro, por no decir de peseta, que aunque valdría menos, ya no está en circulación.
Crece la indignación entre los saharauis, que sufren el asesinato y el encarcelamiento por parte de Marruecos y también entre los españoles, que se ven arrastrados a la ruina y a la miseria por un sistema tramposo de Monarquía parlamentaria, instaurada bajo la etiqueta de democracia sin serlo y en el que miles de corruptos y corruptores han robado a mansalva. Mientras tanto, todo está preparado para que las noticias de televisión nos informen del gran éxito de la visita. Ambos monarcas se besan cariñosamente y todos pensamos que son tal para cual. 

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