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martes, 11 de septiembre de 2012

Chile, Aniversario de una traición, recuerdo a unos héroes de la democracia


Pedro Moreno Brenes
Portavoz municipal de IULV-CA en el Ayto. Málaga y miembro del PCA
1. En 1970, tras reñidas elecciones celebradas el 4 de septiembre, las urnas otorgan el apoyo popular a Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular( Agrupación de socialistas y comunistas); con el 36,3%, del total de votos emitidos; la izquierda chilena, al amparo de las urnas, iniciaban un duro camino, con la hostilidad manifiesta de sectores de la derecha más radical y de EEUU.
La “ vía chilena al socialismo” fue una maravillosa experiencia de profundas transformaciones sociales en apoyo de las clases populares de Chile combinada con un exquisito respeto al marco constitucional y al pluralismo político; pero las oligarquías locales y dos siniestros personajes, Richard Nixon y su secretario de Estado Henry Kissinger, no estaban dispuestos a que ese proyecto tuviera éxito; ya intentaron que Allende ni pudiera acceder a la Presidencia, y hasta el golpe de Estado la CIA y sus aliados políticos en el país pusieron la proa al conjunto de medidas progresistas adoptadas por la UP( nacionalización del cobre, reforma agraria, congelación de precios, subidas de salarios, etc.)
El 11 de septiembre de 1973, hace hoy 39 años, militares traidores a la Constitución y al pueblo de Chile, encabezados por Pinochet ( paradójicamente propuesto meses antes por Prats, su antecesor y verdadero ejemplo de militar democrático, como comandante en jefe del Ejército) ejecutan un golpe de Estado que sumió a Chile en una larga noche de sangre, muerte y tortura; los chilenos, al igual que los españoles, tenemos la triste coincidencia que nuestros correspondientes máximos criminales murieron en la cama, uno aún en el poder y el otro con la absoluta impunidad del mismo
2. Allende y un grupo de leales defensores de la democracia murieron en el Palacio de la Moneda, plantando cara e los cobardes que deshonraban el uniforme que llevaban; a las 10:15, a través de radio Magallanes. Allende emitió su último mensaje a la Nación; quiero reproducir este discurso de un hombre que sabe que va a morir, pero que es capaz en momentos tan duros de mostrar la dignidad propia de quien cree en el ser humano; a mi me sigue emocionando y me ayuda a reafirmarme en mi fe en la izquierda y en la democracia, la una no es posible sin la otra:
“Pagaré con mi vida la defensa de principios que son caros a esta patria. Caerá un baldón sobre aquellos que han vulnerado sus compromisos, faltado a su palabra, roto la doctrina de las Fuerzas Armadas.
El pueblo debe estar alerta y vigilante. No debe dejarse provocar, ni dejarse masacrar, pero también debe defender sus conquistas. Debe defender el derecho a construir con su esfuerzo una vida digna y mejor.
Una palabra para aquellos que llamándose demócratas han estado instigando esta sublevación, para aquellos que diciéndose representantes del pueblo, han estado turbia y torpemente actuando para hacer posible este paso que coloca a Chile en el despeñadero.
En nombre de los más sagrados intereses del pueblo, en nombre de la patria, los llamo a ustedes para decirles que tengan fe. La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada, éste es un momento duro y difícil. Es posible que nos aplasten, pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor.
Compatriotas: es posible que silencien las radios, y me despido de ustedes. En estos momentos pasan los aviones. Es posible que nos acribillen. Pero que sepan que aquí estamos, por lo menos con este ejemplo, para señalar que en este país hay hombres que saben cumplir con las obligaciones que tienen. Yo lo haré por mandato del pueblo y por la voluntad consciente de un presidente que tiene la dignidad del cargo...
Quizás sea ésta la última oportunidad en que me pueda dirigir a ustedes. La Fuerza Aérea ha bombardeado las torres de Radio Portales y Radio Corporación. Mis palabras no tienen amargura, sino decepción, y serán ellas el castigo moral para los que han traicionado el juramento que hicieron.
Soldados de Chile, comandantes en jefe y titulares... al almirante Merino... ... El general Mendoza, general rastrero que sólo ayer manifestara su solidaridad y lealtad al gobierno, también se ha denominado director general de Carabineros.
Ante estos hechos sólo me cabe decirle a los trabajadores: yo no voy a renunciar. Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen, ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos.
Trabajadores de mi patria: quiero agradecerles la lealtad que siempre tuvieron, la confianza que depositaron en un hombre que sólo fue intérprete de grandes anhelos de justicia, que empeñó su palabra en que respetaría la Constitución y la ley, y así lo hizo. Es este momento definitivo, el último en que yo pueda dirigirme a ustedes, espero que aprovechen la lección. El capital foráneo, el imperialismo, unido a la reacción, creó el clima para que las Fuerzas Armadas rompieran su tradición: la que les señaló Schneider y que reafirmara el comandante Araya, víctima del mismo sector social que hoy estará en sus casas esperando con mano ajena conquistar el poder para seguir defendiendo sus granujerías y sus privilegios. Me dirijo, sobre todo, a la modesta mujer de nuestra tierra: a la campesina que creyó en nosotros, a la obrera que trabajó más, a la madre que supo de su preocupación por los niños. Me dirijo a los profesionales de la patria, a los profesionales patriotas, a los que hace días están trabajando contra la sedición auspiciada por los colegios profesionales, colegios de clase para defender también las ventajas de una sociedad capitalista.
Me dirijo a la juventud, a aquellos que cantaron y entregaron su alegría y su espíritu de lucha; me dirijo al hombre de Chile, al obrero, al campesino, al intelectual, a aquellos que serán perseguidos, porque en nuestro país el fascismo ya estuvo hace muchas horas presente en los atentados terroristas, volando puentes, cortando las vías férreas, destruyendo los oleoductos y los gasoductos, frente al silencio de los que tenían la obligación de proceder... La historia los juzgará.
Seguramente Radio Magallanes será acallada y el metal tranquilo de mi voz no llegará a ustedes. No importa: me seguirán oyendo. Siempre estaré junto a ustedes, por lo menos mi recuerdo será el de un hombre digno que fue leal con la patria. El pueblo debe defenderse, pero no sacrificarse. El pueblo no debe dejarse arrasar ni acribillar, pero tampoco puede humillarse.
Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres el momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor.
¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores!
Estas son mis últimas palabras, teniendo la certeza de que el sacrificio no será en vano. Tengo la certeza de que, por lo menos, habrá una sanción moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.”

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