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sábado, 19 de mayo de 2012

Sobre los recortes sociales del gobierno andaluz


Carlos Martínez García / Juan Torres López 
Es normal que tanta gente se haya escandalizado y esté sorprendida de la magnitud del recorte que acaba de hacer del gobierno andaluz. Dos mil quinientos millones menos de gasto son muchos y cuando se anuncia que van a producir, entre otras cosas, una disminución media de 3.000 euros anuales en el sueldo de los funcionarios, resulta lógico que una gran parte de la población se indigne y crea que haber formado un gobierno de coalición que decía enfrentarse precisamente a este tipo de recortes, no ha servido para nada (aunque también se podría decir que quizá no se habría tenido que llegar a tomar estas medidas si muchas más personas, y sobre todo funcionarios, se hubieran indignado con anterioridad, desde que se empezaron a recortar sus derechos).
Vaya por delante que estamos radicalmente en contra de que se lleven a cabo este tipo de medidas. Las rebajas salariales, la paralización de obra pública, y la disminución de los recursos destinados a financiar los programas de guarderías, libros de texto gratuitos o fomento de empleo tendrán un inevitable efecto negativo sobre la demanda y contraerán aún más la economía andaluza, ya de por sí con un pulso muy bajo y en crisis profunda. Harán que se pierdan más empleos en las pequeñas y medianas empresas y que se aleje la expectativa de la recuperación económica. Además de muy injustas, son contraproducentes e ineficaces para salir de la crisis. Y otras de las medidas, como las de copago, seguramente no permitan ningún ahorro a medio y largo plazo, tal y como se desprende las investigaciones científicas que se han hecho para conocer su incidencia efectiva.
También creemos que de ninguna manera se puede decir que se trate de medidas “inevitables” porque se podrían haber evitado si los poderes públicos no vinieran haciendo una política tan esclava de los grandes poderes financieros desde que empezó la crisis. Como se ha demostrado en libros y escritor de todo tipo, hay alternativas a estas políticas que, en lugar de llevarnos de nuevo a la recesión o a la depresión a donde vamos, nos hubieran permitido salir de la crisis. Es importante no renunciar nunca a la pedagogía, explicando claramente a la población lo que de verdad está ocurriendo.
Dicho esto, creemos, sin embargo, que se debe ser inteligente y no caer en una crítica descontextualizada de lo que hace este gobierno que solo favorecería al PP y a los poderes económicos. Desgraciada, o mejor inevitablemente, para transformar la realidad y sobre todo sociedades tan complejas como las nuestras en estos momentos históricos, no basta con hacer discursos retóricos o emitir condenas moralizadoras, sino que hay que hacer política, en el sentido de incidir en los factores concretos de los que dependen que ocurran o no las cosas que están ocurriendo. Precisamente por eso apoyamos la creación de un gobierno de coalición de izquierdas como el actual.
Y, desde ese punto de vista, creemos que para valorar adecuadamente las medidas que ha tomado el gobierno andaluz hay que tener en cuenta algo más que su propia inconveniencia, que acabamos de subrayar.
En primer lugar, no podemos olvidar que Andalucía no es un Estado sino una comunidad autónoma y que las políticas de ingreso y gasto que como tal lleva a cabo son una especie de resultado en cascada de las que toma el gobierno central, y mucho más en las actuales circunstancias, cuando éste último ha adoptado una posición muy beligerante contra las autotomías y cuando impone como de obligado cumplimiento medidas tan restrictivas como las que ahora condicionan las decisiones del gobierno andaluz.
En segundo lugar, y en relación con lo anterior, hay que tener en cuenta que estas medidas del gobierno andaluz no se realizan por voluntad propia sino como resultado de la obligación de no superar un déficit público superior al 1,5% contemplado en los Presupuestos Generales del Estado aprobados e impuestos por la mayoría absoluta del PP. Una obligación que si no fuese cumplida llevaría consigo la intervención de la Junta de Andalucía y consecuencias mucho peores y que es necesario evitar en todo caso.
Por eso resulta verdaderamente desvergonzada la posición política del Partido Popular andaluz cuando critica el recorte del gobierno andaluz obviando que ha sido ese partido el que realmente lo ha impuesto a través de su gobierno de Madrid.
En tercer lugar, hay que valorar positivamente el esfuerzo que hace el gobierno andaluz (y que esperamos que sea acertado en su aplicación efectiva y no solo sobre el programa) para que el recorte se aplique sin pérdidas directas e inmediatas de empleo (indirectas las va a haber, como queda dicho), con efecto más suavizado sobre los empleados con niveles más bajos de renta y afectando lo menos posible a servicios públicos esenciales que se hubieran deteriorado en mayor medida de haber aplicado directamente las propuestas del gobierno central.
En cualquier caso, y aún cuando podamos entender que se trata de una medida obligada, tal y como hemos señalado, no podemos dejar de manifestar que es lamentable la falta de comunicación y la escasa complicidad de los partidos que forman el gobierno con la población y en especial con la que ha apoyado su constitución.
Nos parece un error fundamental -y mucho más en las circunstancias en las que estamos- que este gobierno actúe simplemente como una oficina de gestión. Lleva muy poco tiempo en ejercicio pero ya se ha podido comprobar que no es lo suficientemente transparente ni participativo como se debe ser para conseguir que la población comprenda lo que hace y le arrope cuando adopta decisiones tan difíciles como las de ahora o como la que seguramente va a tener que tomar más adelante. O este gobierno es más valiente y cercano a la hora de hablarle a la ciudadanía, y más movilizador, o fracasará con rapidez. Y para serlo debe buscar con más acierto y apertura las complicidades y alianzas así como señalar mucho más claramente, en la práctica y no en el papel, la frontera que lo separa de la derecha y de los poderes financieros que realmente son las responsables de estos recortes.
Andalucía, debe ser un referente y no precisamente de sol, ferias y playa, sino de coherencia y defensa de los intereses sociales y democráticos. Si en Francia hay movimientos; si en Grecia se consolida la izquierda tras las próximas elecciones; si en Europa hay otras regiones rebeldes frente a la estafa neoliberal; si hay movimientos sociales y populares dispuestos a enfrentarse a esta debacle generalizada, no podemos permitirnos que fracase nuestro gobierno andaluz. Claro que para ello es imprescindible que los partidos que lo forman sean los primeros en hacer bien las cosas y que se apoyen en mayor medida en su base social y electoral.
Carlos Martínez García, politólogo, y Juan Torres López, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla. Ambos son miembros de ATTAC y promotores de las Mesas para la Convergencia y la Acción Social

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