viernes, 25 de noviembre de 2016

En recuerdo de Marcos Ana



José Luis Centella, Secretario General del PCE
Permitirme que con la emoción de la noticia de la muerte de Marcos Ana me dirija a toda la militancia del Partido en una carta abierta desde Mundo Obrero.
Camaradas, hoy las banderas rojas están a media asta, las banderas republicanas tienen crespones negros, hoy nos ha dejado el cuerpo de Marcos Ana, hoy miles de militantes del Partido Comunista de España hemos derramado lágrimas de tristeza al conocer la noticia. Se marcha el cuerpo de Marcos Ana, se queda su ejemplo, su alegría, su entusiasmo, su coherencia militante.
En estos momentos recuerdo algo que un día me comentó Marcos con esa naturalidad que tenía, me contó cómo en la cárcel se apuntó voluntario a un turno de limpieza del pasillo por el que pasaban los presos caminos del pelotón de fusilamiento, no era una decisión personal, era un mandato del Partido, ese pasillo tenía las paredes de ladrillo visto, y entre las ranuras de los ladrillos los presos camino de la muerte dejaban su última carta, la verdadera última carta, que no era la oficial, la que escribían para que la dirección de la cárcel enviara a la familia y que sabían sería leída y censurada por los mismo verdugos que horas después los fusilarían.
Comentó que eso canutillos donde se escribían los últimos sentimientos, los últimos pensamientos de quienes sabían que tenían la muerte cerca, tenían un mensaje para las familias, pero sobre todo tenía un mensaje para el Partido, un mensaje que decía directamente que sabiendo que iban camino de la muerte, iban orgullosos de sus ideas porque sabían que el Partido mantendría viva la lucha, por la que ellos iban a morir, que su vida, que su muerte tenía sentido si el Partido no se rendía, y mantenía viva la lucha, y Marcos en este momento levantó la mirada y dijo, nunca olvides que el Partido sois ahora vosotros, no falléis, no rendirse, ser conscientes que por muy difíciles que parezcan los tiempos, esos cientos de camarada que marchaban camino del pelotón de fusilamiento pensaban en vosotros, pensaban en la próximas generaciones de comunistas, pensaban que el Partido no se rendiría hasta conseguir el objetivo de una sociedad justa, igualitaria, una sociedad socialista.
Pues bien, en este momento, desde Mundo Obrero, quiero transmitiros a toda la militancia que ese Partido al que se dirigían quienes pasaban por ese pasillo camino de la muerte sois vosotras y vosotros, somos quienes hoy militamos en el Partido Comunista de España, y que en este momento como en tantos otros momentos el mejor homenaje que podemos hacer a Marcos es continuar su lucha, es fortalecer al Partido.
También recordad que Marcos, aunque fue torturado hasta casi morir; aunque vio asesinar tantas vidas y también su juventud, tenía grabadas en la piel y en todo su ser las risas de sus amigos y su generosidad, y esa ilusión, esa alegría daba sentido a su militancia, que nos la transmitía en cada manifestación, en cada acto, en cada reunión a la que acudía.
Tras ser detenido cuando tenía 19 años, no volvió a la libertad, "a la vida" como decía él, hasta noviembre de 1961, fueron 23 años que lo convierten en el recluso que más tiempo permaneció en cárceles de la dictadura.
Pero Marcos Ana no guardaba rencor, porque él comentaba que la venganza no es un ideal político ni un "fin revolucionario" y dejaba claro quienes militamos en el Partido Comunista "somos diferentes", y para ilustrarlo evocaba un episodio de su vida en prisión, cuando durante un interrogatorio un guardia le interpeló: "Vosotros, ¿por qué cojones lucháis?"; la respuesta fue: "Por una sociedad donde a usted no le puedan hacer lo que me está haciendo ahora a mí", "porque salga el sol y caliente a todos por igual".
Pero que nadie se confunda, que Marcos no pidiera venganza, no quería decir que olvidara, al contrario siempre se quejó de la falta de "memoria histórica de los vencidos" porque "la transición dejó pendientes muchas cosas".
Marcos conoció el espanto en su piel, en su corazón, y a través de los ojos de sus compañeros; descubrió el dolor en las manos de los torturadores, Marcos Ana nos cuenta que «adoptó» -como se adopta un bebé- una flor inocente, nacida en la grieta tenebrosa del muro más cruel, porque Marcos amaba la vida en todas sus formas.
Desde su liberación en 1961, gracias a la presión internacional, pues estaba condenado a sesenta años de rejas, recorrió Europa y gran parte de la América morena. Conoció a Louis Aragón, Pablo Neruda, por fin a Rafael Alberti y María Teresa León, a Salvador Allende, Nicolás Guillén, Picasso, Yves Montand, Michel Piccoli, Prévert, Jean-Paul Sartre, Joan Báez, Miguel Ángel Asturias, Pedro Vianna y tantos más.
Convirtió su vida en una defensa de la libertad, en contra de todo autoritarismo. Fundó y dirigió en París, hasta el final del franquismo, el Centro de Información y Solidaridad con España (CISE), que presidió Picasso, pero sobre todo Marcos era un militante comunista, para Marcos, ser comunista nos comentó un día, era amar la vida, porque sólo amando la vida se puede luchar porque todos los seres humanos tengan una vida digna, para que nadie tenga que pasar por lo que el mismo pasó.
Por último, recordar como siempre nos repetía Marcos que su vida no era nada especial que su vida era la misma que miles de camaradas anónimos, que dieron lo mejor de sí mismos por un ideal de justicia, de libertad, por eso los homenajes que recibió en vida siempre los referenciaba en el colectivo, y por eso esta carta de despedida no va dirigida a Marcos Ana, va dirigida a quienes hacen grande al Partido Comunista de España.