viernes, 5 de mayo de 2017

Homenaje al camarada Manuel García Morales “Teniente”, por una vida dedicada a la lucha de la clase obrera. Carta de Antonio Romero



Antonio Romero
Presidente de Honor del PCA
Manolo García Morales, “El Teniente”, recibe hoy (30 de abril) este reconocimiento por su entrega, y dedicación de toda una vida a la lucha de los trabajadores y por la paz entre los pueblos del mundo.
Cuenta Manuel con 64 años, su familia tiene sus raíces en Arenas pequeño y bellísimo pueblo de la Axarquía Malagueña, donde las viñas, la uva y el vino, eran rojos como las manos de los que la trabajaban. Su abuelo fue fusilado por el franquismo y la familia se quedó en Málaga donde habían fijado su residencia para estar cerca de un ser querido.
Manolo conocería también la desgracia cuando pierde a su madre con solo nueve años de edad, su madre, una mujer de la Trinidad, barrio malagueño que junto al Perchel del que se decía en la República que hasta las chinas de las calles empedradas eran rojas. No pudo vencer al cáncer, y Manuel afrontaría sin el apoyo de ese puntal que supone una madre, el combate contra la dictadura, contra el régimen, por los derechos de los trabajadores y por un sindicalismo combativo y de clase.
La primera vez que es detenido Manolo, lo es por “leer”, la dictadura prohibía leer, viene a cuento el discurso pronunciado por nuestro poeta más universal Federico García Lorca, con motivo de la inauguración de la biblioteca de su pueblo natal Fuente Vaqueros (Granada) que decía así:
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio del Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita, ¿y dónde están esos libros?
¡Libros!, libros! He aquí una palabra mágica que equivale a decir: “amor, amor”, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras.
Cuando el insigne escritor ruso, Fiódor Dostoyevski, padre de la Revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita, pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!”. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir horizontes, es decir escaleras para subir a la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Sería detenido muchas veces, Manolo, estaría en la cárcel de Granada, también en Madrid, en Carabanchel, conoció a Marcelino Camacho, Eduardo Saborido, Nicolás Sartorius del Proceso 1001, llegaron en aquellos días sindicalistas del campo y los estudiantes que estaban en la cárcel planteaban huelgas de hambre y los jornaleros le decían, Huelga de hambre no, que venimos de pasar mucha hambre, se puede secuestrar a un funcionario, incendiar la cárcel, pero huelga de hambre, no. O en los debates de la sexta galería donde un redicho profesor afirmaba a cada momento, y porque digo esto, y porque digo esto y continuaba hablando y le decía un albañil de Vallecas, porque te sale de los cojones.
También viene a cuento la anécdota de una visita de Josefina a Marcelino y de Luz María a Acosta en la cárcel de Carabanchel, Marcelino se percata que Luz María le ha entregado una revista a Paco Acosta y este la ha guardado bajo la camisa. Marcelino le pide que le entregue la revista pensando que era Nuestra Bandera, la revista del PCE, y la necesitaba para su informe, pues él era el secretario del Partido en la cárcel. Tras su insistencia se la entrega y descubre que se trata de una revista porno y no de una revista del Partido. Marcelino quería que el partido le abriera un expediente a Paco Acosta para el todo lo que no fuera la lucha pura y dura, era distraer los esfuerzos del personal. Manolo durante su tiempo en prisión maduraría más política y personalmente y afianzaría sus ideas marxistas y comunistas, para él figuras como la de Marcelino era la mejor expresión de la clase obrera española.
Manolo milito en Bandera Roja, en los Comités Obreros y contribuyó decisivamente a articular las Comisiones Obreras de Andalucía organizando la Federación de Hostelería de Andalucía y más tarde la Federación de Hostelería y Comercio. Fue despedido y en la lucha de varios años por ganar en los tribunales laborales su puesto de trabajo se subió en una grúa, hizo huelgas de hambre y un sindicalismo combativo y de clase.
Manolo ha estado en Irak, defendiendo como escudo humano a la gente que acudía a la Embajada de España, que había sido abandonada sirviendo a la política de Aznar que estuvo en la foto de las Azores de esta guerra, inmoral e injusta, destrozando uno de los países que más ha aportado a la civilización de la humanidad.
Ha estado también en Palestina, en Siria, en el Kurdistán, en lugares de gran peligro.  Cuando presentaron a José María el Tempranillo para entregarle el indulto un general de Fernando VII dijo “He aquí un hombre valiente”, y José María Tempranillo contesto “yo no soy un hombre valiente, solo soy un hombre que no se aturde” esta palabra define bien al compañero Manolo.
Él es un malagueño clásico, por su habla por su cultura de pueblo trabajador malagueño, es internacionalista como todo buen marxista, como todo buen comunista, y concibe el sindicalismo como lo definió siempre Lenin, como la lucha de los trabajadores por la emancipación y la transformación de la sociedad capitalista.
Tiene Manuel dos hijos estupendos Manolito y Pepita, es amante de la lectura, del teatro, de la cultura, conduce de una manera extraña, su coche como el coche fantástico llega a Sevilla solo, es un milagro que invadiendo carriles periódicamente no haya tenido ninguna colisión.
A Manuel le llaman el “Teniente”, porque tiene sordera desde joven, por eso hoy gritamos fuerte en la Bahía de Málaga, en los catorce kilómetros de litoral que nacen aquí en la desembocadura del Guadalhorce y terminan en las cuevas de El Palo, aquí nace la luz de Málaga, la luz que Picasso llevaría a sus lienzos, a sus cuadros. Pablo Ruiz Picasso, dijera “ingresé en el partido comunista como aquel que va a la fuente a beber agua fresca”.
Manuel tiene un flequillo desafiante, pelín chulo, y que le traslada a una especie de juventud cuando ya reúne la cotización necesaria para la jubilación, pero él es muy moderno, y de su éxito con las mujeres no vamos a hablar esta noche porque eso requiere un tratado o una novela por entregas como los culebrones latinoamericanos, así es que Manolo recibe el abrazo de las y los comunistas de Málaga, para todos nosotros y todas nosotras es un verdadero honor que nos cuentes entre tus amigos.
Antonio Romero Ruiz.
Presidente de Honor del PCA.
Ex parlamentario de IU.
Coordinador de la Red de municipios y cargos públicos por la Tercera República.

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