martes, 16 de febrero de 2016

En el 80 Aniversario del Frente Popular. Hacia un proceso constituyente para un nuevo país, para una nueva democracia: la III República.

Eduardo J. del Rosal
Responsable de Memoria Histórica del PCA de Málaga
Hoy hace 80 años de aquel 16 de febrero de 1936 en que se celebraron elecciones a Cortes, motivadas por escándalos financieros de las derechas en el Gobierno, y al que concurrieron dos bloques electorales contrapuestos. La CEDA que unía por fin a los monárquicos y concertaba alianzas con los republicanos conservadores y radicales de Lerroux. Y por otro lado, el Frente Popular, cuyo pacto se firma el 15 de enero de 1936, agrupando a la izquierda republicana con los partidos obreros: PSOE, PCE, IR, UR, UGT, POUM, Partido Sindicalista y Partido Republicano Federal, y que contaba con el apoyo explicito del sindicato UGT y algunas secciones de la CNT.
El programa del Frente Popular se limitaba a la Amnistía general, la reintegración a sus puestos de trabajo de los represaliados por el movimiento de Octubre del 1934 y derogar las contrarreformas de la derecha, como reinstaurar los ayuntamientos democráticos, hacer vigente la reforma agraria y el Estatuto de Cataluña, o las reformas de la legislación social y de enseñanza del primer periodo republicano.
El Pacto del Frente Popular- Frente de Izquierdas en Cataluña aglutinaba a toda la opinión de izquierdas, no obstante, cada organización política o grupo que lo integraba lo concebía de muy diversa manera. Para los sectores republicanos moderados y el PSOE se trataba de una alianza electoral más impuesta por las circunstancias. En cambio para el ala izquierda del socialismo, encabezada por Largo Caballero, muy reacia a la alianza con republicanos, era un pacto electoral de circunstancias que podría superarse por la acción de la clase obrera que debía marchar sola hacia la revolución. Para el PCE, el Frente Popular, no podía ser un limitado pacto electoral, sino que debía proseguir después y robustecerse con órganos de base, convirtiéndolo en un frente de lucha no solo en el Parlamento, sino principalmente en la calle, un frente que agrupara a todos los trabajadores en la perspectiva de hacer frente al fascismo.
 El Frente Popular, ganó las elecciones, con 257 escaños de 453 elegidos, en una jornada de gran participación popular (72’9%). En todas las provincias andaluzas gana el Frente Popular, siendo elegidos 17 diputados comunistas, entre ellos nuevamente Cayetano Bolívar por Málaga, Jesús Hernández y Bautista Garcés por Córdoba, y el comunista cordobés Adriano Romero por Pontevedra, Antonio Pretel Fernández por Granada, Antonio Mije por Sevilla o José Díaz por Madrid. 
La amnistía, la cuestión agraria, la cuestión nacional, el problema del paro y de los salarios de hambre, continuaban reclamando una inaplazable solución. Las huelgas se mantuvieron ininterrumpidamente, en gran medida hostigadas por la actitud de las patronales que abiertamente negaban el trabajo, muchas de ellas impulsadas por la CNT que no se consideraba ligada por ningún vínculo al Frente Popular. José Díaz en su discurso de Zaragoza de 1º de junio de 1936 se refería al respecto: “Antes de ir a la huelga es necesario agotar todas las formas posibles de lucha...estamos en un periodo en que los patronos provocan y atizan las huelgas por conveniencias políticas de sabotaje...”
La escalada de violencia por parte de las derechas y sus pistoleros falangistas y los más que evidentes indicios de conspiración militar contra el Gobierno del Frente Popular caracteriza esta etapa. Son asesinados el concejal comunista malagueño Andrés Rodríguez, el Presidente de la Diputación el socialista José Román y un vendedor de Mundo Obrero en La Coracha.
Las denuncias del PCE contra el peligro que se avecinaba para la República, de la amenaza fascista no fueron tenidas en cuenta, ni se tomaron medidas contra los conspiradores, se nombró a Franco Capitán General de Canarias, a Goded de Baleares y a Mola de Navarra. 
El 18 julio de 1936 se produce el levantamiento militar y arranca la cruenta Guerra Civil. En ella el PCE nunca dejó de luchar en todos los frentes hasta convertirse en el Partido de la Resistencia, y hasta el último día estuvo convencido que resistir era vencer. El PCE defendió al Gobierno legítimo de la República presidido por el doctor Negrin, a sus instituciones y a la voluntad popular, otros abandonaron a su suerte a la República claudicando y  traicionando al pueblo y a la causa antifascista. 
Hoy las clases trabajadoras de nuestro país son víctimas de la prolongada y agónica recesión-depresión que gracias a las políticas de austeridad a ultranza practicadas primero por Zapatero y luego por Rajoy siguiendo el dictado que impone la UE-Troika amenazan con agravar indefinidamente su estado hasta llevarnos a un grado de subdesarrollo insoportable. Estamos ante un estado de excepción económico, social, político y nacional. Todo un golpe de Estado a los derechos sociales, laborales, culturales, a las libertades y a la propia soberanía nacional.
Mientras tanto, la corrupción se extiende como una mancha de aceite que lo impregna todo y a todas las instituciones del Estado. Estamos ante una crisis profunda del régimen del 78. Pero este estado de putrefacción del capitalismo español y del régimen bipartidista (y aliados) que lo sustenta no caerá por sí solo. El entramado jurídico, institucional, económico,…, hacen inviable cualquier perspectiva de gobierno que ejerza políticas de izquierdas, a lo sumo podrá realizar políticas asistencialistas para reducir el dolor de los sectores más desfavorecidos, recobrar libertades democráticas y mejorar la posición de los trabajadores en sus conflictos con las patronales, que no es poco con lo que está cayendo.
Pero si lo que se quiere es avanzar como señala nuestro camarada José Luis Centella en “La construcción de un nuevo país pasa imprescindiblemente por el cambio de estructura social y la derrota del bloque de poder dominante y responsable de la actual crisis. Nuestro reto es demostrar que no es posible una salida social de la crisis en beneficio de la mayoría sin la construcción de un nuevo país, por eso la campaña por un Nuevo País, no es una cuestión electoral, sino la base de nuestra propuesta política y debe tomar el carácter de defensa de un proceso constituyente, de una nueva constitución en la que se materialice el proyecto político de revolución democrática que defendemos”.
Y en la Carta Magna de la II República de 1931, tenemos esa fuente de inspiración para esa nueva democracia. El artículo 6. decía: “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional”, puede haber mayor actualidad para un mundo convulsionado por las guerras. Además de la actualidad de la idea republicana de democracia y federalidad,  frente al neocentralismo de la derecha o el independentismo, hoy en día está indisolublemente unida, en España, a la idea de igualdad y solidaridad, en definitiva a la idea de Socialismo.
La República será socialista o no será, no es cambiar a los “borbones” para situar a otros profesionales de la política. Es construir una nueva democracia que haga emerger ese nuevo país.
En esa tarea siempre ha estado el PCE y de ello debatirá en si próximo XX Congreso sabiendo que la construcción siempre es una tarea colectiva que solo puede hacerse realidad con la máxima unidad popular. Pero no puede haber unidad popular si no hay un poder popular cimentado en la movilización, en la articulación de una amplia red de espacios de encuentro y organizaciones donde nuestro pueblo, y especialmente la clase obrera, experimente por sí mismo su capacidad de intervención política y social, sea consciente de su poder y se confronte con los poderes de las élites que nos gobiernan. No partir de esas premisas es dejarlo todo a ilusiones y fantasías sobre la predestinación de ciertos “salvadores” que solo pueden llevar a la pasividad y a la frustración popular y a un desastroso desmantelamiento de las escasas redes de resistencia existentes.
Como bien señala nuestro camarada Alberto Garzón, en este momento histórico, lo que está en juego es el futuro de las próximas generaciones, de ahí que la experiencia del Frente Popular, de unidad, movilización y solidaridad popular para vencer o para resistir sea la base de la acción de nuestro PCE.
Como bien señalara Julio Anguita: “Este proceso será un largo trayecto en el que la difusión del ideal republicano debe pasar de la fase de nostalgia, recuerdo o vaga aspiración a una fase de compromiso militante con el objetivo común y con las líneas de acción consensuadas en un amplio movimiento ciudadano, con su especial manera de organizarse y de constituirse en sujeto de decisiones”.
¡Viva el Frente Popular!

¡Viva la República!