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miércoles, 12 de octubre de 2016

Proceso constituyente: ¿Desde arriba o desde abajo?

José Antonio Carmona Postigo
Secretario Político de la Agrupación “Julián Grimau” del PCA de Málaga
En los últimos tiempos venimos oyendo de manera más o menos habitual el término “proceso constituyente”, el cual suele estar en el argumentario de algunos partidos políticos situados en el ámbito de la izquierda y de diferentes movimientos y organizaciones sociales.
En primer lugar, sería interesante definir qué es un “proceso constituyente”, ya que podemos entender por tal, el proceso por el cual un Estado democrático crea una Constitución según la voluntad y necesidades de la ciudadanía. Así pues, podemos suponer que cuando estos partidos y organizaciones demandan dicho proceso es porque entienden que la Constitución de 1978 no responde ni a la voluntad ni a las necesidades de dicha ciudadanía.
A mi juicio, una sociedad en la que más del 65% de la población con derecho a voto no aprobó la actual Constitución (porcentaje que irremediablemente aumenta cada año en algo más de un 1%) merece poder debatir y aprobar una nueva Constitución que la represente, ya que las necesidades y la voluntad de la ciudadanía española del 78, distan mucho de parecerse a las de 2016, y poder de esta manera corregir el déficit que la Constitución actual tiene hoy en día.
Ahora bien, además de crear una Constitución nueva y radiante, también cabe la posibilidad de realizar un "proceso constituyente" mediante un lavado de cara de la Constitución vigente y que este lavado, lejos de ser superficial,  se encauce de forma paulatina, mediante un conjunto de reformas constitucionales que estén relacionadas con reformas laborales, leyes "mordazas", subordinación al pago de la deuda... Seguro que todo esto les suena.
Ante estas dos opciones, sería útil tener claro qué tipo de "proceso constituyente" queremos:
-Uno que englobe un debate ciudadano y que sea aprobado por un pueblo que demande reflejar en el resultado del mismo (la Constitución) su voluntad y sus necesidades, proceso que llamaremos "proceso constituyente desde abajo".
-Uno consistente en reformas constitucionales en las que no participe el pueblo y cuyo resultado esté muy alejado de la voluntad y las necesidades del mismo. A este modelo lo llamaremos "proceso constituyente desde arriba".
Como se puede adivinar, el "proceso constituyente desde arriba", ya está puesto en marcha desde hace tiempo, pues la reforma laboral que llevó a cabo el PSOE data del año 2010, la reforma del artículo 135 fue en septiembre de 2011 o la reforma laboral del Partido Popular fue en 2012. Ya han pasado varios años de todas estas reformas, las cuales tuvieron como resultado la merma de las posibilidades de vivir dignamente de la clase trabajadora además de la creación de un "ejército industrial de reserva" como diría Carlos Marx, que no es más que una amplia gama de desempleados y desempleadas dispuestas a vender su fuerza de trabajo por un salario mucho menor del que merecería su producción, favoreciendo de esta manera a las grandes empresas y sus intereses. Nada es casual.
Todos estos movimientos, son movimientos de las élites, de las oligarquías, de "los de arriba" para realizar de forma gatopardiana un "proceso constituyente" por el cual todo cambie sin que nada lo haga realmente, es decir, cambios aparentes en las formas pero que en su fondo permiten la supervivencia de un sistema que viene mostrándose incapaz de atender las necesidades del pueblo, un sistema corrupto en el que a la democracia le falta oxígeno y que cada vez crea una desigualdad mayor pues responde a los parámetros de un capitalismo que se encuentra en una fase realmente feroz como podremos seguir comprobando si no somos capaces de frenar los acuerdos TTIP y CETA.
Este proceso dirigido por las oligarquías, está vivo, va mutando y reacciona a los acontecimientos que se suceden de diversas maneras, en ocasiones de forma más o menos "regulada" y aprovechando la cotidianidad que ofrecen las instituciones y las mayorías parlamentarias que la oligarquía tiene en ellas, mediante las reformas constitucionales o legislativas y en otras ocasiones de forma digamos que más "improvisadas", las cuales responden a situaciones que realmente ponen en peligro su subsistencia porque de alguna manera u otra no están bajo el absoluto control del sistema.
Ejemplos de las formas "reguladas", ya se han mencionado algunas como las distintas reformas laborales, mientras que ejemplos de reacciones "improvisadas" tenemos dos realmente claros y que podríamos considerar incluso paradigmáticos:
-La abdicación de Juan Carlos de Borbón en junio de 2014 como respuesta al cada vez más creciente sentimiento de indignación que estaba aflorando en el conjunto de la población ante la situación político-social del país, poniendo en tela de juicio todas las instituciones del Estado, incluyendo a la Casa Real, la cual se encontraba con la imagen muy deteriorada debido a los casos de corrupción que salpicaban a varios miembros de la familia y a un Jefe de Estado más atento a las celebraciones y cacerías que a la situación de un país sumido en una profunda crisis. El sistema lo tuvo claro y optó por cortar tan añeja rama para salvar un árbol aún más añejo pero sin duda caduco.
-Otro ejemplo más reciente es el último espectáculo vivido en el Comité Federal del PSOE que terminó con la dimisión de Pedro Sánchez como Secretario General del partido tras lo que Alberto Garzón Espinosa (Coordinador Federal de Izquierda Unida) denominó un "motín oligárquico". Esta denominación me parece acertada, ya que se trató de dar respuesta a la posibilidad de que se pudiese crear un gobierno alternativo al del Partido Popular y su muleta Ciudadanos y esa respuesta fue dada por las oligarquías. La mera posibilidad de que fuese posible un gobierno que estuviese fuera del control absoluto del sistema, un gobierno en el que las oligarquías no hicieran y deshicieran a su antojo, activó unos mecanismos en los que pronto comenzaron a tomar protagonismo personajes como Felipe González, Juan Luis Cebrián, Susana Díaz o el ministro Fernández Díaz. Quizá, la respuesta haya sido tan truculenta que pueda pasarle una factura irreversible al Partido Socialista Obrero Español.
Así pues, tenemos claro que el "proceso constituyente desde arriba" está en marcha hace mucho tiempo y que seguirá su curso hasta que pueda completarse, esto es, seguirá realizando reformas que sigan mermando las condiciones materiales de vida de la clase trabajadora argumentando que las demandan desde la Unión Europea y que por el bien del crecimiento económico de nuestro país, no sólo son necesarias sino que son  poco menos que indispensables, por lo que nos seguiremos sumiendo en la senda de los recortes y de la pérdida de derechos y lo público mediante privatizaciones. Sobre la pérdida de soberanía nacional por pertenecer a la Unión Europea, también se podría hablar largo y tendido.
Este es el panorama al que nos enfrentamos en los próximos años, el cual parece irremediable a tenor de la más que probable abstención del PSOE en la sesión de investidura que se vislumbra próxima y que en breve nombrará a Mariano Rajoy presidente de la XII legislatura. Pero todo no es negativo. Las contradicciones que tendrán que soportar ciertos sectores del panorama político serán tremendas, especialmente el PSOE, por lo que los partidos políticos y las organizaciones y movimientos sociales que demandan un "proceso constituyente por abajo", se encuentra en la obligación de actuar con generosidad y de forma fraternal en pro de crear una coyuntura social favorable en un futuro próximo que posibilite retomar las luchas en las calles (también en las instituciones) y llevar a cabo las demandas de más democracia, igualdad y unas condiciones materiales de vida dignas, algo que no son más que derechos que hace mucho tiempo nuestras y nuestros mayores conquistaron. Por ponerlo en conjunción con lo expuesto anteriormente, se trataría de ir provocando que las respuestas sean cada vez más "improvisadas" y menos "reguladas" ya que esto significaría que el sistema se sigue debilitando.
Pero sólo con buena voluntad y generosidad no se conseguirán los resultados que la clase trabajadora merece. Resulta indispensable, a mi juicio, la creación de conciencia de clase, que aquellas personas que se encuentren indignadas, en situación de precariedad, en riesgo de pobreza, vean y sientan que tienen un nexo de unión con aquellas que se encuentran en exclusión social por sufrir cualquier tipo de discriminación, y que éstas a su vez encuentren ese mismo nexo con los trabajadores y trabajadoras de la sanidad, la educación, con las distintas "mareas", y éstos con las personas dependientes y desempleadas, y con las desahuciadas, y con las víctimas de estafas financieras... un mismo nexo de unión que no es más que sentirse parte de algo, de una misma clase que está dispuesta a luchar por lo que es suyo, por lo que le pertenece y por hacer que todo cambie.
Dicho esto, la tarea es clara y el momento es ahora. En este tiempo en el que aquellos que no hablan de "proceso constituyente", que incluso se les eriza la piel al escuchar estas palabras, son en cambio los que lo están llevando a cabo (desde arriba), es el tiempo en el que hay que crear una empatía colectiva, un criadero de solidaridad que nos lleve a entender que si no marchamos unidos, nos mataran por separado y formar (también desde el punto de vista de la enseñanza) un bloque político y social que bajo la idea de la unidad popular sea capaz de revertir todo lo que está haciendo ese "proceso constituyente desde arriba" y empezar a construir nuestro futuro desde la libertad, la igualdad y la fraternidad como sólo seremos capaces de hacerlo "las de abajo".
Salud y República.
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