lunes, 12 de enero de 2015

Carta de presentación de Alberto Garzón Espinosa, candidato a las Primarias de Izquierda Unida para elegir candidato a la presidencia del gobierno

Amigos/as,
Os escribo para haceros partícipes de mi intención de presentarme a las primarias de Izquierda Unida para ser candidato a la presidencia del Gobierno.
Me afilié a Izquierda Unida en el año 2003, en el municipio malagueño de Rincón de la Victoria. Entonces gobernaba allí el Partido de Orden, esto es, el PP y el PSOE. Estamos hablando de una Gran Coalición: dos años tenía la alcaldía uno mientras el otro gestionaba la concejalía de urbanismo, y los dos años restantes de legislatura ocurría exactamente al revés. Quizás el símbolo más expresivo de cómo funcionaba el sistema político que protegía el espejismo económico de la burbuja inmobiliaria. Los habitantes de la aldea gala, Izquierda Unida, subsistimos institucionalmente a duras penas, pero ni en un instante dejamos de denunciar la especulación urbanística y sus atrocidades. Inflexibles en los principios, primera enseñanza.
El 15-M me pilló movilizado en las calles. Entre Sevilla y Málaga. Con carrera y máster, trabajaba ya precariamente en la universidad. A salto de mata, como diría el maestro. Estaba entonces cumplimentando los formularios para irme a la SOAS (School of Oriental and African Studies) de Londres a buscar un futuro y continuar ampliando estudios sobre finanzas y crisis económica. Mi tesina como economista la hice sobre esa materia.
Unos meses más tarde los compañeros y compañeras de IU-Málaga me postularon como candidato a diputado y, aún siendo yo un extraño a los órganos, finalmente fui designado como tal. Soy de los que creen que en momentos como estos todos y todas hemos de asumir responsabilidades políticas, y sin duda esta era una oportunidad para contribuir a la causa en la que creo. Pienso que no me equivoqué.
En estos años he tenido oportunidad de debatir con los ministros de Economía y de Hacienda, y con los presidentes del Banco de España y del Banco Central Europeo entre otros. Ha servido para confirmar lo que sospechaba: como Joan Robinson nos advirtió, tenemos que estudiar economía para evitar ser engañados por los economistas. Trampas y hechicería; tales son las patas de la fe que sirve de soporte para el neoliberalismo económico.
Hemos acompañado la movilización social. Hemos rodeado el Congreso, denunciando su secuestro por el poder económico, y hemos reivindicado la república en el día de la abdicación del parasitario y usurpador Juan Carlos de Borbón. La fraternidad, ideal levantado por quienes creemos en la plena emancipación de los trabajadores. No hay libertad en el hambre, ni en la pobreza, ni tampoco en la monarquía.
Estudiar economía me hizo anticapitalista. La Unión Europea actual ha sido diseñada para evitar cualquier alternativa al neoliberalismo, y las históricas críticas de Izquierda Unida no fueron en vano. No hay alternativa para las gentes trabajadoras dentro de esta Unión Europea. El proceso constituyente tiene que ser también europeo. Y el pilar fundamental de nuestro programa de la transformación ha de ser la democratización de la economía. Todas las empresas estratégicas han de ser públicas.
Hoy estamos ante una oportunidad histórica. Como nunca antes en democracia. Nunca el bipartidismo ha estado tan débil. Las esperanzas políticas están depositadas en la puesta en marcha de una alternativa política y económica, de un proyecto de país republicano y de justicia social. Un gobierno de izquierdas, como se merece el pueblo español. Pero dichas esperanzas no se alimentan de otra cosa que no sea el trabajo que hacemos cada día, en todos los niveles de la sociedad.
El trabajo continuado de los militantes de Izquierda Unida, una fraternidad política que afortunadamente no deja de crecer, está siendo esencial en el desenmascaramiento de la crisis y en la construcción de las alternativas. No hay esfuerzo más útil que el que se realiza en la calle y en los centros de trabajo cotidianamente. Aquellos que piensan, allí y allá, que la transformación social puede tener lugar únicamente desde las elecciones no están alimentando la ilusión sino el ilusionismo.
La democracia liberal representativa de España está herida de gravedad. De forma natural también la Constitución Española de 1978 está moribunda, si bien no muerta. No debería haber nada positivo en ello, pues los primeros elementos afectados han sido las garantías constitucionales progresistas, tales como la progresividad fiscal (art. 31), el derecho a la vivienda (art. 47), a la seguridad social y pensiones (art. 41 y art. 50) o la declaración de que la riqueza del país debe estar subordinada al interés general (art. 128). El bipartidismo ha asaltado el cuerpo jurídico de la democracia liberal para adaptarlo a su proyecto de transformación social neoliberal, como quedó bien claro con la modificación del artículo 135 de la Constitución.
Todo esto es el reflejo de que el sistema político español está en una encrucijada histórica. De un lado tenemos el intento de Restauración Borbónica, ejemplarmente ejecutado por los dos grandes partidos del sistema político, y cuyos fundamentos no son otros que ajustar las instituciones a un nuevo modelo de sociedad caracterizado por la precariedad, la desigualdad y la ínfima existencia de derechos laborales. Aquí el papel de la actual Unión Europea y el mecanismo de la deuda pública juegan un rol esencial. Hablamos pues de un proceso constituyente dirigido desde arriba. De otro lado, la Ruptura Democrática que proponemos tanto las instancias políticas republicanas, socialistas y democráticas como los movimientos sociales estrechamente comprometidos con la defensa de los derechos más básicos que están siendo usurpados por los poderes económicos. Es decir, la puesta en marcha de un proceso constituyente dirigido desde abajo.
Esas son las ideas fundamentales que defiendo y me gustaría que me acompañarais en la lucha para lograrlas. Los intereses de los trabajadores y las trabajadoras, de las gentes de abajo, de los que sufrimos la crisis, de quienes tenemos claro que nuestro horizonte es superar el capitalismo.

¡Salud y República!

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